viernes, 13 de noviembre de 2009

SOY MUJER



Soy mujer, me toco en suerte. Y ¡no quiero, en absoluto, ser igual al hombre! Me case con uno por eso, porque era diferente. Como persona, exijo los mismo derechos, ¡los mismos! Y, como hace muchos años que los tengo, en este sentido no tengo nada que objetar. Jamás me he sentido discriminada por ser mujer, ni en mi familia, ni en el colegio, ni en la universidad, ni ante mis hijos o marido, ni… Crié a mis hijos porque como “persona”, no como mujer, mi sentido común me llevó a ello: yo era la que los tenía nueve meses en mi vientre, yo la que necesitaba la baja laboral para parir, yo la que llevaba los pechos que los amamantaban… Y nada más. Decidí vigilarlos de cerca por mero sentido práctico, porque amor y protección tuvieron a partes iguales por padre y madre. Hasta que se hicieron adultos, dediqué mi vida a ayudarlos a crecer y madurar. Salvo en raras excepciones, no encuentro un trabajo más digno, importante, edificante, gratificante y útil al mundo que éste. Si alguien piensa que pasar ocho horas en la oficina, para poder consumir más y rodearse de millones de objetos que nunca necesitará, es mejor tarea que la de cuidar a sus hijos, o que su propia formación es más importante que la de ellos… sencillamente lo compadezco. A aquellas mujeres que tienen que salir a buscarse la vida para alimentar y dar cobijo a sus hijos, mis más profundos respetos. Si cargué con la mayor parte de las tareas domésticas no fue porque era mujer, sino porque estaba casi todo el día en casa, repito, cuidando a mis hijos, no me parecía de recibo llamar a mi marido al trabajo, tra—ba—jo, que no ocio, para que me hiciera la comida y poner en peligro nuestro sustento. Cuando estuve desbordada no me falto ayuda por parte de mi marido. El hecho de haber asumido mi tarea les ha dado la oportunidad a ellos de desarrollarse como verdaderos adultos, y ¡nunca! han minusvalorado mi trabajo, muy al contrario. Me importa “el pedo de un violinista” (como diría Frank McCourt, que en paz descanse) que la sociedad en la que me ha tocado vivir me consideren una sometida, mantenida o conformista. No lo soy. Soy una mujer, y a mucha honra. Si hubiese elegido la otra opción, la de empeñarme en vivir una vida de hombres, ahora, probablemente, tendría un apartamento en la playa, un magnífico coche, una vida social al uso y, no me cabe duda, unos hijos menos preparados; pero cuando veo a mis hijos frente al mundo, me siento orgullosa de haber sacrificado mi formación por la de ellos y de haber realizado un trabajo por el que nunca me pagaron, lo hice por amor. ¿Alguien que optó por el otro camino puede superar eso? A aquellas mujeres que pueden compaginar su vida laboral con la maternal, que, repito, no es algo que ley alguna pueda subsanar de un plumazo, sólo puedo decirles: ¡Enhorabuena a las “superwomans”!; parece que nuestro empeño de llevarlo todo para adelante a veces da resultado.


Continuara…

4 comentarios:

Verónica dijo...

He dedicado mi vida a mi familia, siempre los cuidé y protejí, no me pagaron por ello, pero estoy orgullosa de no haberme perdido, ni un solo segundo de su infancia y adolescencia. Ahora ya son mayores, cada uno va haciendo su vida,tengo más tiempo para mi, que aprovecho para hacer cosas que me gustan y llenan como ser humano.
Te mando un beso y espero la continuación

Mercedes dijo...

Gracias por cada uno de tus comentarios, de veras que me alientan. Claro que seguiremos hablando de este tema. Nosotras, las marginadas del sistema, tenemos mucho que decir.
Como siempre, un beso.

Kharmen dijo...

Espero que no me tomeis por el espiritu de la contradicción, porque no es lo que pretendo pero ocurre que yo si he sido una mujer trabajadora hasta que mi segundo hijo tuvo dos años, luego estuve en casa 12 años cuidando de ellos y arrimando elhombro con mi padre que tenia alzheimer y una vez que ya esuvieron grandecitos y mi padre murió, volví a trabajar. ¡Me encanta trabajar! soy una trabajadora nata y debo añadir que en ningún momento fué por necesidad sino porque yo quise, además he tenido la gran suerte de trabajar las dos ocasiones en algo que me gustaba, el dinero viene bien que duda cabe pero yo os aseguro que es el hecho de trabajar lo que más me gusta, en el ultimo de mis trabajos no ganaba mucho porque hacia una jornada muy reducida pero disfruté mucho haciendolo, fué un reto aprender aquel oficio ...y aprendí.
No voy a decir eso tan manido de "me encontré a mi misma" o "desarrollé mi personalidad" porque no es verdad, para conocerse una misma cualquier sitio sirve, por eso ni hago apologia del trabajo ni de las labores del hogar, que dicho sea de paso las encuentro super aburridas...
Y que os puedo decir de mis hijos? Pues que son el orgullo de mi vida, independientes, trabajadores y muy formales. No me voy a poner medallas porque la verdad es que me han dado muy poco trabajo a la hora de criarlos.
Besos

Mercedes dijo...

Para Carmen:
Permíteme que te diga, amiga Carmen, que no encuentro la contradicción en tu opinión. Es más, yo diría que estás totalmente de acuerdo con mi entrada. Que yo sepa, no he dicho que a mi no me gustara trabajar, y, NI MUCHÍSIMO MENOS, que me gusten las labores de casa. Tengo la sensación de que interpretas mis palabras a tu manera.
Un besazo.