lunes, 19 de julio de 2010

Sensaciones colectivas















Equipado con bermudas, zapatillas de deporte, gorra, camiseta de color claro y una vara mas propia de un cabrero que de un senderista, me encontraba realizando una de mis rutas preferidas a pié, entre huertos andaluces, evitando la urbe.
El camino, habitualmente frecuentado por paseantes, corredores y ciclistas, se hallaba esa tarde especialmente solitario. Eran sobre las 19:30 horas del 11 de julio de 2010 y aunque aún faltaba una hora para el sensacional evento la gente ya estaba organizándose para disfrutar a tope de él.
Además, hacía un calor que a pocos se les ocurriría salir a caminar a esas horas. Pero es que caminar, y especialmente en ciertas circunstancias –en contacto con la naturaleza, escuchando sus sonidos, oliendo sus aromas, sin bullicios, etc.- es un placer que intento disfrutar aún cuando el clima no sea demasiado favorable. Es caminado cuando consigo con el menor esfuerzo entrar en profunda reflexión y los acontecimientos de aquel día me facilitaron un tema magnífico: Las competiciones deportivas y su efecto en las masas.
Durante toda mi vida me he preguntado por qué no experimento la pasión por las competiciones deportivas con la facilidad que lo hace la mayoría de la gente que conozco. Esto me ha hecho sentir desde siempre algo raro y aún no estoy convencido de que no lo sea, pero he encontrado una respuesta que de momento me vale.
Días antes compartí una breve conversación relacionada con este notable fenómeno con el interventor de una sucursal bancaria que habitualmente visito. Me contó que tenía unos vecinos que por su ideología se habían molestado semanas antes porque su hijo le había regalado al suyo una camiseta con el escudo de España y contradictoriamente, en la víspera de la final del mundial de fútbol ondeaba una espléndida bandera de España en su ventana. Mi interlocutor se preguntaba como es posible que fenómenos sociales, efímeros al fin y al cabo, pudieran hacer cambiar de opinión a la gente; que qué explicación tenia ese cambio de posición. Yo le dije que quizá la respuesta está en que tenemos gran facilidad y tendencia a llenar nuestras vidas con cosas que percibimos de fuera. Da igual que sean malas o buenas. Si son malas nos servirán para encontrar culpables y si son buenas para hacernos partícipes de esa bondad. En ninguno de ambos casos estaremos mirando en nuestro interior, no estamos acostumbrados a hacer eso, claro, es mucho más fácil que sentimientos externos nos hagan reaccionar. Nos despedimos pensativos y ahí quedó la corta conversación.
Hay algo más que no me acaba de llegar sobre las competiciones deportivas que es ese sentido competitivo de yo gano y tu pierdes. Ya se que no se trata de jugarse la vida, como si se tratara de una guerra, o al menos creo que no hay deportes legales hoy día donde se admita la muerte como determinante de quien es el ganador, pero siempre hay algo en juego que el vencido pierde y que exclusivamente disfruta el vencedor, aunque sea el orgullo.
Esta reflexión me lleva a otra paralela en el plano empresarial donde el concepto de competitividad está tan incrustado, y sin embargo he podido asistir recientemente a cursos y conferencias que hace mención a esta aptitud. Parece ser que los observadores del sistema empresarial y los mercados se están dando cuenta de que esto no funciona bien así, argumentando que si siempre son los mismos inteligentes y agresivos empresarios los que acaparan la mayota de los beneficios del mercado este se verá peligrosamente reducido al control de unos pocos peligrando la existencia de muchas empresas, como si esto no fuera ya una realidad. Creo recordar que se le llama algo así como la teoría del “suma no 0”.
Volviendo al tema; cuando llegaba a casa, los vecinos de la calle estaban preparando un magnífico festín al que fui invitado para disfrutar en comunidad el partido y aunque no podía compartir la causa del evento si pude compartir la pasión y la alegría al verlos disfrutar, sin importar por qué lo hacían. Al fin y al cabo lo que se haga y por el motivo que se haga es una opción personal, pero la alegría es un valioso sentimiento común con el que me quedo como experiencia positiva.

Gracias a mis vecinos por invitarme a compartir su alegría y a vosotros por leer y compartir mi experiencia.



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11 comentarios:

Airama dijo...

Hola Jose,
Ya he leído la entrada de Mercedes, bienvenido.
un abrazo

Verónica dijo...

¡Hola! a mi José no me gusta el futbol, pero respeto a quien si le guste.
Pasé a saludarte
Un abrazooo

Kurra dijo...

Hola Jose, a mi tampoco me gusta el futbol, pero si que disfrute con la alegria de todos al terminar el partido, tambien pase a saludarte y enviarte un abrazo.

mariarosa dijo...

En mi país todos sufrimos el partido que Argentina perdió con Alemania. Ese sábado no había un alma en la calle.Todos en sus casas viendo el partido en grupos.
Por eso entiendo lo que le ha sucedido a los españoles. Disfruten!!
La bandera es un símbolo, una expresión de alegría.

Si está bien o mal... no lo sé, pero me gusta.

mariarosa

Amando Carabias María dijo...

También te saludo José.
Sobre lo que apuntas, yo que sí soy futbolero, me fijé en que, en efecto, la alegría es contagiosa, tanto que llega a la euforia desmedida. Estoy seguro que necesitábmos (lo digo ahora como colectivo) algo así, una especie de reafirmación.
Que esto es, además de externo, efímero y además un poco falso, no tengo ninguna duda, pero como alguien señaló, en los últimos tiempos no habíamos tenido una gran alegría colectiva, casi unánime, y sin embargo hemos tenido que padecer unas cuantos duelos casi tan colectivos y unánimes.
Un abrazo.

Jose C. dijo...

Gracias a tod@s por pasar y saludar, además de dejar a vuestras opiniones.

Respondiendo en común a mariarosa y Armando, quiero decir, por si mi mensaje deja la duda, que –válgame la redundancia- me congratula la alegría colectiva. Es un magnífico fenómeno social que merece la pena realizar más a menudo, buscando más motivos para que se produzca.

Abrazos para tod@s.

Ángeles Hernández dijo...

Bienvenido José:
Ya comentaremos algo cuando no hables de fútbol que de eso sólo entiendo que el guaje, que es de mi tierra, marcó muchos goles en el mundiaol y que somos campeones.

La sonrisa de Hiperión dijo...

Esperiencias de gente diferente y mismas sensaciones...

Saludos y un abrazo.

mateosantamarta dijo...

No soy un forofo del fútbol, pero un mundial es difícil que te deje indiferente. Lo de la bandera de España, pues ya sabes que hay gent e que prefiere que una de las franjas sea morada y otros que no encuentran su comunidad representada en su simbología pero a la hora de la verdad somos de aquí y de momento esa es nuestra bandera. Un saludo.

Jose C. dijo...

Ángeles, estuve tentado de hablar del mundial de motociclismo, y mira que me gustan las motos, pero es que todavía entiendo menos de motociclismo que de fútbol. Además el acontecimiento de la final del 11-07 era ejemplar, creo que la mayor experiencia de alegría colectiva que he tenido.

Referente a tu comentario, La sonrisa de Hiperión, eso que señalas me parece que es lo más grande, la clave del tema.

Mateosantamarta, ¿Qué contradictorio no? Normalmente divididos por los símbolos y lo que creemos que simbolizan y sin embargo, bajo ciertas circunstancias somos capaces de olvidar las diferencias. Yo quiero más circunstancias de esas.


Abrazos para tod@s.

Roca genocida dijo...

Feliz día amiga bloguera!