martes, 2 de noviembre de 2010

EL MARQUÉS DEL AIRE


Escrito por Ángeles Hernández Encinas

Manuel Ercina, Marqués del Aire.

"Marqués" por el porte gallardo y el donaire de su estampa, por la fuerte complexión de su armadura que le otorgaba una especie de superioridad física, por el espléndido estilo con que llevaba la ropa de diario y de domingo, por la generosidad y nobleza con que obsequiaba a todos, por el trato cordial de su trato, por el dominio del arte del ordeno y mando, por las maneras de señorito reflejadas en sus formas delicadas y sin amaneramiento o por el garbo que lucía montando a caballo, por la gracia que exhibía en fiestas locales y saraos donde se explayaba por tarantos y bulerías. Nadie diría que procedía de una humilde familia rural y que sólo fue a la escuela hasta los ocho años.

"Del Aire" por la vacuidad del título nobiliario, que no procedía de herencia ni mayorazgo, sino del decir de sus paisanos que de esta forma le habían apodado. Las tierras que trabajaba no eran suyas sino de un marqués de verdad que se las tenía en arriendo: secano del sur que bien faenado,  daba para vivir sin apreturas.

Fue alcalde durante un breve periodo de la Guerra Civil. El día que le pidieron que denunciara a los vecinos del otro lado, arrojó el bastón de mando  enojado y tembloroso. Cuando, ciego de rabia y dolor, gritó: “yo soy alcalde de todos, no sólo de unos pocos”, sabía que se jugaba el pellejo.

Se casó con una hija de su pueblo que murió de sobreparto llevándose consigo a la criatura. Junto a sus dos seres queridos perdió el ajuar que la novia aportó al matrimonio pero guardó con esmero el reloj de oro fino que  él le regalara el día de la pedida,  único testigo de su corta vida de casado.

Viudo estuvo un par de años, joven, apagado, solo… La tristeza le invadió y, con semejante compañía, estuvo a punto de perder las cualidades que le habían hecho merecedor del airoso marquesado. Su madre, que con él vivía, también viuda desde tiempo inmemorial, hizo lo imposible por ayudarle a pasar por tan duros momentos, pero pronto vio que, con sus únicas fuerzas, poco o nada conseguiría. Desesperada, recurrió a su hija  casada con el maestro de Pasarón de la Ribera, aldea de la sierra. Este agradable lugar por el que el agua corría con murmullo suave y constante, tenía fama por su frondosa vegetación, su prolífica huerta, sus variados frutales y sus lugareñas bellas y hacendosas. Pensando en Manuel, su cuñado había de encargarse de buscarle una moza  casadera, que la mancha de una mora con otra verde se quita y la elegida fue María, rica heredera, no demasiado hermosa pero de pedigrí impecable.

El casi extinto Marqués del Aire, más por agradar a su madre que por gusto, acabó yendo a visitar a sus hermanos y ver si la moza merecía la pena. Sin embargo, a la entrada del pueblo, Rosario, rubia como el sol y con una mirada azul que traspasaba el corazón, le sonrió. Manuel de repente sintió que la sangre de nuevo corría por sus venas y no le cupo la más mínima duda de que  deseaba, más que nada en el mundo, que esa desconocida fuera su esposa. A partir de ese momento hubo que actuar con hombría: por una parte pedir disculpas a la candidata del maestro y por otra hablar con la familia de la venus rubia, labradores humildes que, con pena por que la hija partiera, aceptaban, siempre que la joven que ya contaba 18 años, no pusiera reparos. La labia de Manuel y su atractivo personal hicieron todo lo demás.

Se casaron a las pocas semanas en una ceremonia sencilla y con pocos invitados que ,siguiendo la tradición del lugar, segundas nupcias requieren discreción y poco jolgorio. Con su estilo grandilocuente Manuel celebró tanta felicidad de una manera particular: cabalgando su mejor jaca, con Rosario sentada tras él abrazada a la cintura y ataviada con un hermoso mantón de Manila, hizo entrada en su pueblo natal un domingo a mediodía a la salida de misa mayor. Primero al paso y luego al trote, recorrieron el camino que les llevaba a casa exhibiendo  orgullo y dicha. A su paso el murmullo inicial se iba mutando en silencio, de envidia o de admiración que tanto da.

Quiso él regalarle, con su mejor voluntad, el reloj de oro que celosamente guardaba para la dueña de su corazón, pero ella, siempre humilde y callada, lo rechazó con firmeza y dignidad. La excusa: “Mira mujer que es de oro” que dio su marido no fue suficiente. Rosario no quiso saber nada de un objeto comprado para otra mujer.

66 comentarios:

Mario dijo...

Nunca deberíamos querer nada de algo que no ha sido adquirido, luchado, buscado para nosotros... En fin... qué decirte.
Me ha encantado sumergirme en la jungla historiada de tus palabras. Vine hace un par de días, y leí, leí... y ni sé por qué vuelvo tan pronto. Pero al menos, al mucho, agradezco mi CAUSAlidad.

Gracias por la lección.

Un abrazo

Mario

Mercedes Pinto dijo...

Aunque entre nosotros, los administradores del blog, hay un poco de trampa y le eché un ojo al borrador hace unos días, he querido releer la historia de este airoso Marqués y esto me ha dado la oportunidad de encontrar nuevos matices: como el acertado vocabulario, la ligereza de la redacción y el gracioso ritmo del estilo, además de comprobar de nuevo que la vida del Marqués del Aire fue un ejemplo para sus conciudadanos; ya nos gustaría en nuestros días que al menos la mitad de nuestros alcaldes fuesen la mitad de honrados que él. Si se corrompen por dinero, qué no harían si les fuera la vida en ello… Pero claro, es que era un alcalde con sentimientos, que conoció el amor y apostó por él dos veces. Y, lo mejor de todo, el texto es casi un cuento, hasta con moraleja; un cuento que termina como empezó, con una bonita historia de amor. Me gustan los relatos que terminan bien.
Lo disfruté, amiga y compañera, es un lujo tenerte entre nosotros.

Flamenco Rojo dijo...

Entrañable historia de un hombre bueno, aunque a última hora la “cagara” con lo del reloj de oro.

Besitos de la familia Flamenca.

Anónimo dijo...

Buena historia Ángeles.

UN ABRAZO.

Vicen.

Isolda dijo...

Muy entretenida esta historia del Marqués del Aire. Es un título que ya lo quisieran paa sí, muchos nobles. Me ha gustado mucho cómo lo cuentas, Ángeles, con detales que a la postre son lo importante. Me pregunto, ¿qué le esperaría a la primera candidata? Y esa Rosario, que se niega a aceptar el reloj, muy suya ella!
Para mí, que te das un aire!
Muchos besos, siempre.

Princesa115 dijo...

La historia me resultó interesante, un marqués digno.
Pero tu forma de expresarlo me ha gustado mucho más, esa fluidez de palabras es maravillosa. Te felicito de corazón.

Besos

Jose C. dijo...

Has descrito fenomenalmente una imagen de la realidad de nuestros antepasados cercanos, que es una versión distinta a la actual en sus formas y que me resulta muy interesante observar; la forma de tratar la honradez, la soledad y la dignidad, la manera de crear un enlace entre hombre y mujer, el apoyo de los seres queridos y la sencillez.
Enhorabuena Ángeles, me ha encantado.
Un abrazo.

disancor dijo...

Interesante relato.
Un beso.

Ángeles Hernández dijo...

Gracias Mario:

Por tu azar y por tus elogios.
Estaré encantada de que sigas visitándonos.

Un abrazo Á.

Ángeles Hernández dijo...

Mercedes:
No es lo mismo leer un texto una vez, que rellerlo con calma, lo cual te agradezco pues has captado matices que, siendo tú tan plucra escritora, me halagan y agradan.

Es mejor ser marques de nada pero honrado que duque de todo y sinvergüenza. Algunas personas honestas aún vamos quedando (y nos incluyo);¡irá en los genes o será de lo que en casa hemos aprendido?.

Un abrazo y gracias jefa Á.

Ángeles Hernández dijo...

Flamenco¨:

Es verdad, con lo del reloj se le vio el plumero de que no era un verdadero marqués. Podía haber callado la procedencia pero claro , entonces no hubvera sido el marqués DEL AIRE cuyo título estaba basado en su estilo de señor honrado.

Como tú.


Un abrazo Á.

Ángeles Hernández dijo...

Gracias Vicen:
Ta has hecho visible, quizás hassta ya conocías esta historia.

Un abrazo y sigue con nosotros
Á.

Ángeles Hernández dijo...

Isolda :

Muy aguda tú, en la primera versión de este relato que ahora aquí he corregido, dedicaba este relato " a mis abuelos de los que heredé mi estilo, mitad marquesa, mitad dócil y mansa".

UN abrazo y gracias por tu comentario y por tu compañía, no nos dejes Á.

Ángeles Hernández dijo...

Princesa:

Me alegra que te haya gustado el estilo. Esa esa mi intención, contar una historia real nada extraordinaria en términos que resulten gratos al lector.

Muchas gracias Á

Ángeles Hernández dijo...

José Carlos:

Así me contaron la vida de mis abuelos, con ese toque digno en un mundo donde ser "honrado" era algo que se tenía en gran estima.

Las bodas algo amañadas pueden asustarnos, aunque en este caso hubo flechazo que pudo ser contraproducente desdde e lpunto de vista formal, pero que produjo un amor duradero y muy feliz.

Gracias. seguimos, Un abrazo Á.

Ángeles Hernández dijo...

Disancor:

Gracias.

Seguramente si hurgas en la memoria, por tierras de D. Benito, no lejanas a las del Marqués del Aire, encontrarás más ejemplos de hombres cabales y un poco ingénuos.

UN abrazo Á

curro dijo...

Yo ya me imaginaba que esta historia era real. Antiguamente habia muchos marqueses de eso, para los que la palabra y la dignidad eran su principal riqueza, mucho mas que el dinero, pero esos tiempo ya se fueron, y todo eso se ha perdido Muy buen relato Doña Angeles.
Por cierto que en este blog como estais tres os cuesta menos hacer entradas. Los andaluces sois muy listos. Hummmmmmm. Bueno un abrazo para los tres y os lo repartis.

Isabel Martínez Barquero dijo...

Existen personas, como este Manuel Ercina, que llevan la nobleza en el porte y en el alma, aunque no les acompañe de sangre.

Me ha gustado la historia de este marqués del pueblo. Sobre todo, me parece muy acertada su postura de ser el alcalde de todos y dejarse de partidismos. Ay, si todos fuéramos tan ecuánimes...

Besos.

Kurra dijo...

Muy interesante esta historia,me gusto mucho, un beso.

Nómada planetario dijo...

Curiosa historia de todo un personaje.
Saludos.

Ángeles Hernández dijo...

Sr. Curro:

Está usted tan amable y fino que dentro de nada vamos a tener que nombrarle "marqués de algo".

Gracias por su comentario ¡ah! yo no soy andaluza....

Un abrazo Á.

Ángeles Hernández dijo...

Gracias Isabel:
La nobleza en la sangre y no en los papeles, creo que esa es la que de verdad se hereda.

UN abrazo Á.

Ángeles Hernández dijo...

Curra:

Gracias mamá de mi jefa, tú recordarás a tipos parecidos, un abrazo Á.

Ángeles Hernández dijo...

Nómada planetario:

En tu caminar de un lugar a oro habrás conocido a muchos marqueses de mentira y a muchos hombres nobles.

Gracias y un abrazo Á.

Deseo dijo...

Me gusta esa historia entre otras cosas porque pensar que existe gente asi da esperanzas en que la humanidad no esta tan perdida como flota ultimamente en el aire.

Ángeles Hernández dijo...

Claro que no Deseo, hay mucha gente que mira algo más allá de su propio ombligo y que aún valora la ética y la honradez.

Un abrazo Á

LA CAJA DE ANBAIRO dijo...

Hermosa historia que hace referencia a un hombre íntegro, -donde los haya- tanto en su ocupación como Alcalde, donde manifiesta que es de todos, no solo de unos pocos, como de hombre, que a pesar de no ser Marqués de cuna bien podría haberlo sido, y que a pesar de poder haber rehecho su vida con una mujer rica, optó por escuchar la llamada del amor.
Lo que me gusta de este relato es la soltura en la que la autora desenvuelve esta historia para que los que la leemos, nos sintamos
personajes de ella, amena, envolvente, suave,
Me ha gustado mucho, enhorabuena.
Recibe mi besopoeta amigo

Ángeles Hernández dijo...

Anbairo:

Gracias por tu comentario que recibo encantada, sobre todo lo que dices respecto al estilo.

Un abrzo Á.

RAMPY dijo...

Hola, Ángeles,decirte que la historia me ha encantado, sobre todo por la ironía de la descripción "marqués del aire".
Algo así como llamar "señor licenciado" al dueño del Bar Reinolds en Aída.
Y otra cosa que me llamó la atención era su convicción de ser alcalde de todos, cuando le pidieron que denunciara a los vecinos del otro bando, durante la época de la guerra civil.
Seguro que, a pesar de su poca formación, era un hombre de fuerte convicciones, aunque la cagó con el detalle del reloj.
A nadie le gusta ser segundo plato, y menos con un regalo.
El final, excelente.
En definitiva: Me ha encantado el relato.
Recibe un beso enorme.
Rampy

Anónimo dijo...

De la propuesta de Ángeles, de la que no voy a descubrir su siempre interesante fórmula de proponer los relatos y colaboraciones, cabe resaltar aquello que ha sabido dibujar como transfondo: las relaciones sociales; el sistema de cesión de tierras, la aparcería; la Guerra Civil y los enfrentamientos entre las partes; el costumbrismo en las bodas y algún detalle más que nos sitúa ante un fresco cultural destacable.
Enhorabuena.

Celso Ferragut
De la propuesta de Ángeles, de la que no voy a descubrir su siempre interesante fórmula de proponer los relatos y colaboraciones, cabe resaltar aquello que ha sabido dibujar como transfondo: las relaciones sociales, el sistema de cesión de tierras, la aparcería, la Guerra Civil y los enfrentamientos entre las partes, el costumbrismo en las bodas y algún detalle más que nos sitúa ante un fresco cultural destacable. Enhorabuena.

Celso Ferragut

Ángeles Hernández dijo...

RAMPY
Gracias por tu comentario. Has sabido captar al personaje como lo hcieron sus paisanos al llamarle marqués. Supongo que también había algo de ironía despectiva en el apodo, algo así como un quiero y no puedo.

Manuel vivió 85 años, siempre mantuvo su estilo, honradez y dignidad y sólo se quitaba el sombrero para ir a misa.

Un abrazo Á.

Ángeles Hernández dijo...

Querido amigo Celso:

Tus análisis siempre van más allá y tu visión antropológica aumenta para mí el significado del relato en sí.

El costumbrismo que subyace no está escrito a propósito, no soy estudiosa del tema, pero cuando se escriben historias basadas en la realidad oída, es sólo cuestión de buena memoria dar con el quid para que el escenario sea el adecuado.

Muchas gracias por tu colaboración y un fuerte abrazo Á.

Alicia María Abatilli dijo...

Depende cómo fue la entrega, aunque hubiese sido de otra.
Pasa el tiempo, las circunstancias demandan otras sombras.
Para pensar y leerte siempre.
Alicia

Ángeles Hernández dijo...

Es verdad Alicia, Manuel regalaba el reloj de corazón, porque le parecía un objeto muy valioso...
Quizás Rosario acostumbrada a la aldea y a la naturaleza no lo vio de la misma manera y prefiriera sentirse "singular".
Gracias por tu comentario, un abrazo Á

MA dijo...

Hola amiga disfrute de tu hermosa lectura del texto dedicado a Manuel el Marques.

Gracias por pasar y dejar tu huella bloguera por mi blog un placer leer tus entras de post.

Besos de MA.

Ángeles Hernández dijo...

El honor es mutuo, MA. Sólo las múltiples ocupaciones que nos tienen en vilo cada día, impiden que te visite más a menudo.

Un abrazo Á.

Anónimo dijo...

Bueno Ángeles a mi me ha gustado mucho tu relato, y desde luego me suponía que era algo real, como se ha dicho, me parece el marqués una persona íntegra, porque se ha dejado
llevar por el amor, al márgen de intereses.

Creo que fue de buena fé al ofrecer
un reloj, comprado para otra persona.
Un fallo muy humano y perdonable.

Abrazos.

Angela.

Ángeles Hernández dijo...

Gracias Ángela por tu comentario.

Cada uno tiene su manera y a mía es hacer relatos de la vida cotidianay sin estridencias.

Un abrazo Á.

José Antonio del Pozo dijo...

Preciosa semblanza, Ángeles, de este Marqués del Aire, del que consigues darnos una muy acabada imagen, que casi podemos tocar, de como era él por fuera y por dentro.
Me ha gustado mucho el cuidadoso fraseo y la melódica secuencia con que has desplegado el mismo a lo largo del texto, que a veces llega hasta adquirir tonalidad y textura casi musicales, como de canción de Mª Dolores Pradera que nos soplaran con dulzura al oido.
Sobresale ese encuentro azaroso, sorprendente y fulgurante cuando no lo esperaba, que desata en un mirar segundos amores, que también por intensidad parecen primeros.
Y aunque el final en principio me resultó un poco desconcertante luego ví que daba al texto como más fuerza de realidad, como si más que un relato "fabricado" se estuviese transcribiendo una muy verdadera estampa, sin trampa ni cartón, por tanto, por más que la trampa (magistral) de la misma sea esa especialmente, no sé si me he explicado del todo bien. Enhorabuena. Ya sabes, Angeles que en il mío blog también pongo yo relatos, y por eso quizás más me ha gustado ésta cuidada semblanza tuya.

Ángeles Hernández dijo...

José Antonio:

Gracias por tu completo análisis de mi cuentecito, en el que trato de plasmas en forma sencilla, retazos de la vida otidiana exentas de grandes proezas y con poca fantasía.

Es posible que como dices el último parrafo despiste un poco, he intentado retocarlo pero así queda, no lo consigo. En todo caso, mi propia moraleja es que Rosario, por muy humilde que fuera, tenía claro donde estaba su precio.

Si encima da más verosimilitud al relato, miel sobre hojuelas.

Seguiré visitándote, leyendo y aprendendiendo.

Un abrazo de Á

José María Alloza dijo...

Durante unos momentos, mientras leía, me imaginé mirando pasar al “marques”; debe ser porque lo cuentas muy bien :-)
Abrazos.

Ángeles Hernández dijo...

Gracias José María:

Lo cuento como me lo contó él mismo, muy orgulloso de su jaca y su mujer.

Gracias por tu comentario, un abrazo Á.

Conchi dijo...

Hola Ángeles, en primer lugar agradecerte tu paso en mi espacio junto a tu comentario, y añadir que me ha parecido un relato realmente extraordinario contado de la forma más real y humana y plasmando los términos de la forma más objetivamente estilosa, ha sido un placer leerte y disfrutar de tus letras, te mando un abrazo desde más al sur.

Ángeles Hernández dijo...

Gracias Conchi:

Me alegro de que te haya gustado mi estilo natural y poco sofisticado, retazos de vida.

Me alegro de conocerte, un abrazo Á.

Abuela Ciber dijo...

Por aqui no existen los titulos nobiliarios, asi que para mi seria un gallardo y apuesto señor.

Gracias por tus visitas.

Cariños

Ángeles Hernández dijo...

Gallardo, apuesto y señor, eso es Abuela Cyber.

Bienvenifda a esta casa. Un abrazo Á.

La sonrisa de Hiperión dijo...

Relojes de oro que van y vienen...

Saludos y un abrazo.

Elvira Daudet dijo...

Querida Mercedes:

Tú si que te vendes cara, hace un siglo que no escribes en tu blog "realquilado". Qué pasa, estás preparando el nuevo premio Planeta?
Gracias por tus animosos comentarios.
Un beso: Elvira

Ángeles Hernández dijo...

Hiperion:

Tú sí que tienes un reloj de oro en tu pluma que va y sobe todo que viene.
Gracias por tu visita. Á.

Ángeles Hernández dijo...

Elvira:

Mercedes ha estado escribiendo en su blog cada siete u ocho días
( echa un vistazo a su última entrada: "Cambio de planes" que ha tenido más de 100 comentarios). Ella es la jefa, la que mejor escribe y José Carlos y yo sus amigos y colaboradores.

No tiene el blog realquilado, el honor de publicar en "pienso luego escribo" no se paga con dinero.

Mira a ver si te fijas un poquito más y la próxima vez cuelgas tu comentario en una entrada que ella, Mercedes, haya escrito: hay muchas.

Gracias de todas formas por pasarte por aquí y felicidades por tu hermoso poema sobre el sufrimiento del amor.

Un saludo Á.

AFRICA EM POESIA dijo...

Mercedes
Um regalo ver-te aqui e poder ler-te...


Todo o meu carinho e a minha poesia.



PARTO POR AÍ...

Parto por aí...
Parto com destino...
Mas sem destino...
Procuro os raios de sol...
Sol quente que nos afaga...

Que nos transmite...
Força e energia...
Que nos dá alegria...
Para esquecer o que nos rodeia...
E dá a sensação ...
Que somos livres...

Esta colheita de Sol...
Quente e lindo ...
Deixa força...
Para mais uns dias de alegria pura...


LILI LARANJO

AFRICA EM POESIA dijo...

para a Angeles um besito

mui cariñoso

NI la breve dijo...

Poco o nada tienen que ver los títulos nobiliarios legales con la dignidad o la honestidad, una vez heredados. En su origen alguno habrá.

Ángeles Hernández dijo...

Nines:

Seguro que habrá antecedentes de honor y dignidad, que eso se lleva enlos genes y se aprende con el ejemplo.

Un besazo guapa Á.

Liliana G. dijo...

¡Qué maravillosa historia! Impecablemente narrada y mejor descrita.

Rosario era humilde, pero su honor y su ética, despeinaban el acervo popular.

Un beso Ángeles. Buen fin de semana :)

Ángeles Hernández dijo...

Gracias Liliana por honrarme con tu visita.

Seguiré intentando mantener el estilo impecable que describes.

Un abrazo Á.

Cayetano dijo...

Bonita historia.
Una buena persona. Un hombre honrado.
No todos nuestros cargos públicos asumen ser representantes de todos los ciudadanos y no sólo de los afines.
Un saludo.

Ángeles Hernández dijo...

Cayetano:

Gracias por haber leído y comentado a "mi marqués" . Mira que si hubiera sido hijno de Felipe IV...

Un saludo Á.

GUIDO FINZI dijo...

Siempre que leo una historia de este tipo, aunque cada una sea distinta pero con un fondo común, me viene a la mente una frase de mi admirado Elie Wiesel: "Si nuestros caminos se cruzaron, es porque nuestro encuentro encierra un significado que nos desafía, o se nos escapa".

Una historia muy bien narrada.

Saludos

Ángeles Hernández dijo...

Gracias Guido por tu comentario, que va más allá del relato y llega hasta la profundidad de las relaciones personales.

Espero que sigamos en contacto, un abrazo Á.

Ana J. dijo...

Qué extraordinario relato, fluido, elegante, lleno de emoción y preciosismo.
Un gozo leerlo.
Besos

Anónimo dijo...

El narrador de esta entrada es completamente transparente. El lector, o yo al menos, sólo ve al personaje, al marqués. De eso se trata. Es muy buena descripción, vemos al marqués con precisión por ese ir y venir de las cualidades físicas a las morales, de su comportamiento público al privado. Y no vemos al narrador porque las palabras están muy bien elegidas, no hay ninguna distorsión, nada que le delate. El texto se acaba de leer y sólo queda un rastro: el de un hombre que se respeta a sí mismo, un hombre cabal, (y es una pena que se haya perdido esta expresión, aunque bien sé que sigue habiendo hombres cabales). La ironia del titulo, deja de serlo al final, el marquesado de la "vacuidad", se convierte en marquesado de la "ligereza", esa que tienen las personas como este marqués, una especie de elegancia ante la vida.
Bertina.

Ángeles Hernández dijo...

Ay Bertina, no sé que es más bello si el relato que yo he escrito o el comentario que tú me estas regalando porque, es verdad que he procurado elegir las palabras, para no delatarme como nieta y admiradora de quien, de vez en cuando, gustaba de contarnos cosas de su vida, de sus aficiones e incluso de su "mote".

Ya sabes que mis escritos son siempre parcelas de la realidad contadas de manera sencilla.

Por cierto, que el reloj de oro fue cambiado en la joyería donde él lo adquirió, por otro: Un Omega grande con leontina de plata, que el marqués sacaba del bolsillo "airosamente" cada vez que queríamos saber la hora. Un día le pregunté por su prodedencia y me contó la anécdota. Su hijo mayor, mi tío, lo ha heredado.

Un abrazo y gracias por venir. Á.

Máximo Cano dijo...

Me gusta como esta narrado, haces sentir al aristocrata del pueblo, pero discrepo en "las formas", de como volvio a su pueblo con su nuevo "trofeo"... como si de una cosa se tratara... su jaca, su joven y bella esposa... su trofeo.

Ella hizo bien en no aceptar su reloj, por muy de oro que fuera. Él no fué delicado con ese detalle.

Saludos.

Máximo Cano dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Abuela Ciber dijo...

Gracias por siempre estar!!!!
Te deseo una semana de ensueño
Cariños
..........
Frase de la semana: "Miro el presente porque es donde pasaré el resto de mi vida."
...
En lo personal creo que es importantes construirse un presente acorde a nuestros sentires no????