A todos los que no pueden acostarse una noche sin leer, o a los que escriben o quisieran.
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martes, 17 de noviembre de 2009
LA VIOLENCIA
Todos los seres vivos utilizamos las ventajas que nos ha otorgado la naturaleza para defendernos, con motivos nobles o sin ellos. Unos los hacen seduciendo con su belleza, otros con su velocidad, los hay que utilizan la astucia, o la mera superioridad de fuerza física. Esto ha sido siempre así, porque todos intentan controlar la mayor parte posible del territorio. Entre hombres y mujeres la historia es la misma. Centrémonos en nuestra especie. La violencia física que el hombre ejerce sobre la mujer no es ni más ni menos que la utilización por parte de aquel de una ventaja natural. ¡Eh!, tranquilas, que de ninguna manera estoy justificando tal atrocidad, leed con atención, sin juicios previos. Es un hecho que ni las sociedades más avanzadas, ni la tinta vertida a favor de los derechos humanos han conseguido erradicar la violencia, de ningún género. Es más, las civilizaciones más “avanzadas” (pongo comillas porque considero este adjetivo discutible) han conseguido su dominio a base de violencia; o ¿cómo sino Alejandro Magno conquistó medio mundo o España las Américas? Pues, naturalmente, imponiéndose al más débil por la fuerza. Estoy convencida de que si las mujeres fuesen más fuertes físicamente, de entre ellas, las más cretinas, utilizarían su ventaja contra el hombre; como de igual modo utilizamos otras no menos crueles. Dudo mucho, ojalá me equivoque, que acabemos con este problema al menos hasta que la evolución equilibre nuestra fuerza física, dentro de miles o millones de años. Todos y todas, cuando nos sentimos amenazados, estamos resentidos, somos presas del rencor, vivimos desbordados y nos faltan las fuerzas, o por mera vanidad o ambición, utilizamos las armas que tenemos disponibles para defendernos o imponernos. La estupidez humana no tiene género, sí las armas disponibles. Tal vez sea la utilización de la fuerza física la forma más burda y sangrienta de reducir al contrario, pero no la única ni la más grave. La violencia física no es atributo exclusivo del hombre, es fácil comprobar que en cualquier relación puede existir este tipo de violencia, sólo se tiene que dar un desequilibrio de fuerzas y una falta de principios y valores notable. Por ello el hombre maltratará a la mujer, al niño, al anciano, a los animales…, la mujer al niño, al anciano, a los animales…, el niño al anciano, a los animales… Entonces: ¿a qué se debe esto de perseguir la violencia de género? Persigamos la violencia y a todos aquellos que se ensañan con los más débiles, con su fuerza física o con el arma que les toque en suerte. Estoy convencida de que todas las campañas que se están haciendo contra la violencia de género son como poner tiritas en heridas de bala. Para acabar con la violencia física o síquica hay que educar de base a futuros hombres y mujeres, o sea, hay que educar a nuestros niños como personas. Esto es: hacerlos comprender y sentir que el que tiene frente a él tiene el mismo derecho que tú a ocupar un lugar en el mundo, y a equivocarse, y a elegir cómo quiere vivir.
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