A todos los que no pueden acostarse una noche sin leer, o a los que escriben o quisieran.
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domingo, 1 de noviembre de 2009
El arte de novelar
Hay, en el arte de novelar, una lucha incesante entre el autor y su ego. Constantemente ha de hacerse dos preguntas: ¿Por qué escribo? y ¿para quién escribo?, y desandar por la tinta para rectificar. El escritor no escribe para demostrarse, ni a sí mismo ni al mundo, que está por encima del resto de los mortales, por ello evitará plagar de datos y vaciedades su relato, que no hacen más que conducir al leyendo a la confusión y al hartazgo. Cuando escribe ha de cuestionarse lo que todos entendemos como obvio y plantear sus dudas con belleza e inteligencia, nunca conduciendo al lector por laberintos interminables. Al novelista puede perdonársele una sencilla cultura, pero nunca la falta de intelectualidad, que no es más que el afán del hombre por conocer y razonar la cara oculta de lo evidente. Los escritores debemos evitar nuestro empecinamiento en demostrar cuánto sabemos de éste o aquel tema, tarea más própia de maestros y eruditos. Hemos de ver el mundo desde nuestra vulnerabilidad, e ir a la esencia de las cuestiones vitales del ser humano. Si queremos informarnos, ya tenemos los libros de texto. No quiero decir con ello que sea desdeñable toda aquella información que pueda aportarnos una novela, sino que ésta debe estar siempre supeditada a la economía de nuestro relato y jamás tomar lar riendas de nuestra obra.
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