Entrada publicada por Jose C.
Imagen obtenida de Internet
Cuando piensas y observas la vida, la naturaleza, la creación, la existencia, etc., inevitablemente te cruzas constantemente con la energía. Estamos tan acostumbrados a ella que si pasas con tu pensamiento por las cosas demasiado deprisa es fácil no advertir su constante y fundamental presencia. Cuando nos alimentamos, usamos un medio de transporte, encendemos una lámpara, etc., sabemos que estamos haciendo uso de ella pero, por supuesto no nos paramos a pensarlo cada vez que ejecutamos alguno de estos cotidianos actos. Si le prestas un poco de atención recordarás que es algo maravilloso que descubriste cuando la conciencia se empezó a manifestar en ti, resultando después muy interesante apreciar su universal radio de acción, como fluye a través de todo, su gran diversidad de formas y los efectos que produce en todo lo existente. La energía es a nivel práctico la herramienta por excelencia para la creación y dependiendo de la manera de usarla, los resultados son variados. Según del nivel de conciencia, cada ser puede hacer uso de ella como crea conveniente, lo cual, en el caso del ser humano, hace posible el libre albedrío. No creo que con mi exposición sobre este tema os vaya a revelar nada nuevo, pero precisamente por su cualidad de cotidianidad creo que merece la pena darle un repaso y observar como influye en todo y así quizás cada uno pueda hacer sus particulares descubrimientos y/o recordatorios, sobre todo en el plano etéreo.
Por ejemplo, para hacer ejercicio físico se requiere energía que proviene de la alimentación del cuerpo físico, pero ¿a dónde va esta energía? Se acumula en los tejidos del cuerpo físico dándole fortaleza, consistencia y formas saludables. Pero se transforma también en una forma de energía no perceptible por los sentidos físicos que se manifiesta en la mente: sensación de relajación, vitalidad, cierta forma de poder. Y esta segunda forma de energía –al igual que la primera en su plano- nos permite hacer nuevas cosas que con anterioridad a la práctica del ejercicio no nos sentíamos capaces de hacer. Por tanto, conforme aumenta nuestro nivel de energía lo hace también nuestro poder y nuestra libertad.
Al tener una relación sexual “sana” se experimenta un flujo de energía muy especial que también se produce con otras actividades compartidas amorosamente. Es curioso como de tal acto -el sexual, llamémosle “sano”- se produce un excepcional aumento de energía en los que participan y esta energía se manifiesta en lo mental -por no hablar ya de lo espiritual- posibilitando nuevas capacidades y perspectivas sobre la vida más elevadas que antes del acto. ¿Pero de donde proviene esta energía? Lógicamente, si se está bien alimentado será más fácil encontrar este gratificante efecto –de ahí la importancia de cenar o almorzar bien antes- pero no toda la energía resultante proviene de lo físico, pues es evidente que hay un aporte extra y bastante potente que seria de tipo ¿espiritual, de conciencia……? No se, pero el caso es que existe.
En el caso de una relación con satisfacción unilateral hay una parte receptora –la beneficiada- y otra que cede su energía, quedando esta última sumida en una profunda decepción, con sus consecuentes emociones.
El aporte energético que nos proporciona el contacto con la naturaleza -que no se aprecia en la ciudad- sería otra variedad de flujo energético. No se si es posible calcular como esto afecta a las emociones positivas que se ven mermadas en ausencia de la naturaleza y su harmonioso funcionamiento, pero se puede entender que la Tierra en su estado natural funciona como un ser que es muy capaz de aportar energía mas allá de la que somos capaces de extraerle mediante las tecnologías que hemos inventado.
Hay por tanto una forma de energía que precisa un cedente y un receptor, igual que en la relación entre un huésped y un parásito, y otra forma en la que varios seres suman sus energías, obteniéndose un beneficio para todos. En este segundo caso no sale la cuenta, porque la energía resultante es mucho mayor en cuanto que esta salió de la suma de energías inferiores de ellos mismos; es decir, en el caso de dos participantes 1+1 debería sumar dos y sin embrago, suponiendo que cada uno haya doblado esa energía el resultado total sería 4; 4 de ahora – 2 de antes = 2 ¿De donde sale esta diferencia? No se, pero esto es realmente fantástico.
La forma de vida de cada cual depende de cómo canalice la energía compartida con su entorno y con qué propósito. Evidentemente no todos tenemos las mismas preferencias con respecto a la manera de hacer fluir la energía. Entre aquellos que solo saben utilizarla en el modo parásito – huésped y los que procuran unir energías para obtener la maravillosa multiplicación que a todos beneficia extraordinariamente, hay un amplísimo abanico. De todo este abanico me llama especialmente la atención la posición de la clase gobernante y sus lacayos, que nos suele demostrar de forma magistral como sustraer energía de millones de seres con consentimiento de estos o sin él. Como resultado de esta relación, los receptores de energía obtienen una posición prominente que les debe aportar una magnífica energía, a juzgar –y perdón por la expresión- por el tremendo interés que manifiestan por conseguirla.
Y aquí lo dejo ya por hoy, no vaya a ser que tenga exceso de energía y suelte todo lo que me queda en el coco, quedándome si material para próximas entradas.
Muchas gracias a tod@s, en especial a aquellos que se hayan desprendido de la energía suficiente para leer la entrada completa.
Abrazos.
contador
